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Jesús Nazareno

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Cada cual lleva o ha llevado su particular Cruz. Esa que en tantas ocasiones rechazamos y queremos dar de lado. Pero, la cruz de los cristianos, está para ser abrazada. Y Él, consciente de nuestro rechazo humano, se hace ejemplo vivo en la mañana de cada Viernes Santo. La Consolá, ¿quién acertó a llamarla así?, ¿quién advirtió que esta puerta sería testigo, siglos después, año tras año, de las plegarias que surcarán los rostros de tantos que piden aquello que les falta; de las lágrimas que suplican por un cirineo que alivie el peso de la Cruz de cada día? Susurros entrecortados de un amanecer iluminado en las tres tulipas de un varal. La oración se hace gratitud: «gracias Jesús, porque te he podido ver, otro año más».  Miserere mei, Deus: secundum magnam misericordiam tuam .Ten piedad de mí, oh Dios, por tu gran bondad. El inicio del Salmo 51 que tantas veces recite frente a ti, junto a Manolo, al finalizar cada día de la novena, convertido en plegaria de cálidos acordes, ll...

Sentencia

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Tenía que ser en el Barrio de San Pedro. Pero, ¿cómo no habíamos sido conscientes? Tal vez, por eso nos cerraron las puertas de nuestras parroquias a la llegada de aquella cofradía incipiente; al igual que las posadas no abrían a José y María, a su llegada a Belén. Fueron ellas, nuestras monjitas de Santa Clara, quienes nos mostraron el camino, como Moisés hiciera con el pueblo de Israel. Al íntimo encuentro, frente a Su Divina Majestad,  en las vigilias de viernes noche, se unieron nuestras madres espirituales que nos cuidaban con su oración, tras la celosía de la clausura, de aquel coro alto. Sor Magdalena, desde el claustro eterno, ¡pide por tu hermandad! El poder de la oración, obró su beneficio en nosotros.  Mientras avanza quien es «el Camino, la Verdad y la Vida» , Trinidad abajo, hacia la Fortaleza Antonia de Úbeda intramuros, deja atrás, en la plaza Molino de Lázaro, patio del Sumo Sacerdote Caifás, a tantos de nosotros que, como Pedro, negamos conocerte en demas...

Buena Muerte

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No parece que hayas muerto. No encuentro ni el más mínimo reflejo de sufrimiento. No hay señal de rabia contenida por la impotencia. Más bien, parece que duermes, que esperas al amanecer para cantar Maitines junto a san Juan de la Cruz. Descansas en paz. En la paz y la tranquilidad del que sabe que cumplió con su compromiso, hasta las últimas consecuencias. Cristo de la Buena Muerte, eres el adjetivo que transforma nuestra vida. Y comienzas, cambiando el final de la existencia del hombre en algo bueno, pues para los cristianos morir aquí, no es más que nacer a tu Reino. No necesitas tronos, ni flores, ni nadie que dirija tu caminar. Te bastan 4 hermanos, porque sabes que cuando pasas frente a nosotros, descansa nuestra mirada en Ti y cada uno te portamos con el hombro de nuestros corazones. Foto: Alberto Román Vílches (@tiopetos)

Humildad

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Úbeda culmina su transformación cuando bajo la caída del sol, en la tarde del Jueves Santo, es tomada por la Centuria Romana. La Legión IX Hispana ha llenado las calles del color y del sonido del viejo Imperio. En san Pablo el Cristo de la Humildad es presentado al balcón de la conciencia de una sociedad que se lava las manos mirando para otro lado. Pero Tú, bondad infinita soportas la burla y el escarnio, a tu paso por la estrechez de Montiel. Cristo de la Humildad, cuida de los dos Romanos que te llevaste, este año, a tu guardia pretoriana del cielo. Humildad en todo, hasta en tu entrada, que es  triunfal. La Jerusalén ubetense se ha cubierto con el dorado de palmas y capas de ilusión recién inaugurada; y con el verde de túnicas hechas de ramos extendidos sobre la alfombra adoquinada de las calles de la ciudad renacentista. Mañana repleta de procesiones de palmas, en la intimidad del templo. Es día de estreno, preceptivo. Y la Ciudad de los Cerros, se estrenará en una nueva Se...

Columna

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Avanza la emoción de mis recuerdos. De nuevo, tras la marcialidad de tu banda, he vuelvo a subir el Rastro de mi memoria. La calle Gradas sigue estilizando la silueta del guión cardenal que va a tu encuentro. Te adivino tras la puerta, el incienso te delata. Ese incienso, que se condesa en la cancela de la emoción de aquel niño que a su madre le decía que quería ser de la cofradía de la capita. Aquellas capas y túnicas a las que las hacendosas manos de la tía Gine sacaban año tras año, los bajos de la niñez y de la adolescencia. Salí a tu encuentro, primero desde la Casa de las Torres con mi hachón y luego desde la calle San Cristóbal con mi gallardete. Pero no te vi y a la vez te encontré en el rostro de quienes han de doblar la espalda por el dolor físico o por el dolor más agudo e insoportable, el del alma. Señor, creí que debía buscarte en tu magnifico trono, por Obispo Cobos, y no me di cuenta que te hacías presente en las crudas noches del invierno de tantos inmigrantes, que s...

Oración en el Huerto

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Fueron las paredes de esta capilla el primer reclinatorio donde nos regalaste en dosis de generosidad la fórmula magistral que cura el alma: la Oración. El arquitecto de la ciudad concibió el Monte Tabor renacentista, que te aguardaba, años más tarde. En El Salvador Pedro, Santiago y Juan serán testigos de tu gloria – motivos centrales de su retablo y fachada –, como lo son de tu sufrimiento humano en el Huerto de Getsemaní. La falta de fe en la oración nos hará caer rendidos bajo la sombra de un olivo que tuvo que buscar, sabiamente, un nuevo huerto: San Pablo. No podía ser otro templo el que te esperara, pues como a Pedro, Juan y Santiago, Dios se revela a Pablo de forma excepcional. Úbeda se creó para contener fielmente tu Imagen y Palabra. Y al comenzar a abrirse, en todo su esplendor, el primer jueves que brillará más que el sol, volveré a ver en la Corredera de mi niñez, el guión en casa de Juan de Dios Peñas, esperando ser recogido por los sones vibrantes de la banda encabeza...

Prendimiento

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En la nobleza de un beso, se escondía la señal de la traición. En Salesianos Jesús es Prendido y el bullicio de un pueblo acude impertérrito a contemplar la escena. San Juan Bosco cree estar viviendo, en este inmenso paso, otro de sus sueños turbadores. Por treinta monedas de egoísmo, de interés, de vanagloria, de superficialidad, de fama… te entregamos sin ver más allá del vil metal. Pero Cristo, no rehuelle, ni se esconde, ni manda a los ejércitos celestiales que salgan en su defensa. Ni tan siquiera el agresivo caballo del centurión hace que se inmute. Y en un acto de generosidad con nosotros, se deja prender. Pero antes de ser amarrado, como si de un delincuente peligroso se tratará, nos recuerda nuestra capacidad para manipular a nuestro beneficio los gestos más sencillos y puros. «¿Con un beso, entregas al Hijo del Hombre?» Foto: Alberto Román Vílches (@tiopetos)