Soledad

Luto y dolor por el Hijo muerto. Cada adoquín, pulido por la dura historia de cada día, ha sido testigo del caminar de la Madre Sanmillanera, cada Viernes Santo. Pero la Soledad se transforma en el barrio alfarero y se torna en multitud, para que María se sienta reconfortada por toda la ciudad. Los singulares costaleros con túnica, allanarán con su esfuerzo la extenuante Cuesta de la Merced y la oración rezada en saeta la esperará como cada año. A tu vuelta, las porosas piedras de la Puerta del Losal, aguardaran a que se cumpla la tradición centenaria, al grito de: «¡Ya es nuestra!». La música hecha ofrenda que enjugue tu rostro, no descansa sobre pentagramas, no lo necesita; lamentos y Stabat Mater .

                     La Madre piadosa estaba
                      junto a la cruz y lloraba
                      mientras el Hijo pendía.
                   Cuya alma, triste y llorosa,
                       traspasada y dolorosa,
                         fiero cuchillo tenía.


Foto: Alberto Román Vílches (@tiopetos)

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